La filosofía se acerca a la tecnología

Fecha de publicación
Cateogría del artículo Tecnología
Visualizaciones del artículo Leído  1068  veces

Wittgenstein fue un genio de la filosofía. Su aportación podría ser clave para implantar una Inteligencia Artificial más conectada con la filosofía. Un artículo de Xavier Alcober que inaugura una nueva propuesta de información tecnológica de InfoPLC++ con foco en el pensamiento

La filosofía se acerca a la tecnología

Ludwig Wittgenstein intenta desarrollar las herramientas necesarias para conseguir una filosofía objetiva y científica

Hay cuestiones relacionadas con la filosofía que inquietan sensiblemente a la comunidad técnica. Cómo asegurar que la tecnología se utiliza de forma ética o cuáles son las líneas rojas de la AI (Artificial Intelligence), son algunos ejemplos. Wittgenstein fue un genio de la filosofía. Su aportación podría ser clave para implantar una Inteligencia Artificial más ética.

Algunos dicen que la mentalidad de un filósofo está lejos de la de un técnico, el primero con habilidad para navegar por conceptos relativamente abstractos y el segundo con una propensión extrema a medir y controlar los procesos del mundo real con el mínimo error. En cualquier caso, tópicos aparte, tanto la filosofía, la ciencia o la tecnología presentan metodologías y discursos que pueden divergir sensiblemente. No obstante, la filosofía se ha ido acercando progresivamente a la ciencia, más de lo que a primera vista pueda parecer, especialmente durante el periodo del siglo XX.

Se pueden citar varios exponentes en esta línea, pero hay un genio de la filosofía que llama poderosamente la atención. Se trata de Ludwig Wittgenstein que para muchos de sus colegas fue el filósofo más importante del siglo pasado. Sus seguidores afirman que cambió la filosofía para siempre.

Entender a Wittgenstein

A lo largo de su vida, Wittgenstein sólo escribió un libro con menos de 100 páginas (publicado en 1921), titulado Tractatus Lógico Philosophicus. No obstante, su obra se completa con Investigaciones Filosóficas, un compendio de reflexiones que se publicó después de su muerte (1951).

Primero perfilemos la figura de Wittgenstein. Nació en Viena (1889) y fue el último de ocho hermanos de una de las familias más ricas de Europa (aunque él renunció a su herencia). Tres de sus hermanos se suicidaron y él lo intentó en más de una ocasión. Estudió ingeniería aeronáutica en Manchester, pero su pasión por la filosofía se fue intensificando hasta tal punto, que decidió abandonar su formación técnica e instalarse en Cambridge para estudiar filosofía. Fue discípulo de Bertrand Russell, que rápidamente se percató del gran potencial que tenía aquel alumno y lo convirtió en su protegido. Wittgenstein era un perfeccionista radical y eso le impedía llegar a escribir las ideas que iba elaborando. Al final, el propio Russell llegó a tomar notas de los debates que mantenían.

Pero Wittgenstein se cansó de aquel ambiente universitario y pensó que no tenía más que decir sobre filosofía; regresó de nuevo a Austria, para trabajar como profesor en una escuela rural de primaria. Posteriormente, estalló la Primera Guerra Mundial y se alistó en el ejército Austrohúngaro. Una vez terminada la contienda, siguió alejado de la universidad, pero su obra ya se había publicado.

Anotaciones de Wittgenstein

El Tractatus marca su primera etapa de pensamiento, un texto ambicioso, que se da a múltiples interpretaciones. Con el paso del tiempo, sus colegas británicos lo reclamaron y finalmente decidió regresar a Cambridge (1929). Para entonces, el Tractatus ya se había difundido ampliamente y Wittgenstein era toda una celebridad. A su llegada a Inglaterra, acude a recibirlo nada menos que John Maynard Keynes, que llega a comentarle a un amigo: “¡Dios ha llegado!: nos hemos encontrado en el tren de las 5:15h”. Es entonces cuando se inicia la segunda etapa de sus pensamientos.

Teoría figurativa y mucho más

Gottlob Frege y Bertrand Russell, entre otros, ya habían anticipado lo que sería la filosofía analítica, pero es Wittgenstein quién le da un nuevo y singular impulso. Precisamente, quizá es en este periodo cuando filosofía y tecnología registran uno de sus máximos acercamientos.

Intentar sintetizar en pocas líneas el pensamiento de Wittgenstein es tarea compleja. No obstante, en el resumen que sigue, un técnico de software o un diseñador de procesos encontrará familiaridad con los diversos puntos que se apostillan (siempre guardando las distancias). De hecho, Alan Turing, uno de los precursores de la informática e inventor de la máquina Enigma, acudió a las clases impartidas por Wittgenstein en Cambridge.

La filosofía analítica es básicamente una filosofía del lenguaje. Se cuestiona el significado del propio lenguaje, como por ejemplo mesa, antes de lo qué es la cosa en sí. Para Wittgenstein, el lenguaje es como si pintara gráficos que crean imágenes objetivas en la conciencia. Concluye que lo único que puede analizarse es el lenguaje.

Wittgenstein piensa que el mundo real es la totalidad de los hechos que acontecen. El lenguaje es una colección de “proposiciones” y cada proposición puede ser verdadera o falsa. Una proposición verdadera expresa un hecho real (por ejemplo, el gato se estira en el suelo); existen igual número de hechos reales que de proposiciones verdaderas (teoría figurativa o de las imágenes). Como las proposiciones copian al mundo real, si se analizan todas las proposiciones, se puede analizar el mundo completo. Guardando las distancias, es como si pudiéramos disponer de un singular digital twin, orientado al lenguaje, con el que poder filosofar con mayor precisión acerca del mundo.

Para Wittgenstein, una frase no verificable resulta siempre imprecisa respecto a la correspondencia con sus hechos; independientemente de que su contenido sea verdad o no, la frase será imprecisa, como consecuencia de haber hecho un uso incorrecto del lenguaje. Por ejemplo, proposiciones no verificables, como “Dios ha muerto” o “la virtud es conocimiento”, no tienen sentido y representan un uso incorrecto del lenguaje.

Guardando las distancias, la mirada filosófica de Wittgenstein se basa en que disponemos de un singular digital twin, orientado al lenguaje, con el que poder filosofar con mayor precisión acerca del mundo.

Wittgenstein afirma que las respuestas que ofrece la filosofía tradicional a cuestiones como ¿puede el ser humano llegar a alcanzar la verdad? o ¿Dios existe?, persiguen verbalizar algo que no se puede expresar con el lenguaje y, por lo tanto, no tienen respuesta (o no se pueden demostrar). En definitiva, para Wittgenstein, esta filosofía constituye un saber inútil por el uso equivocado de las palabras. Piensa que el verdadero papel de la filosofía consiste en determinar los límites de lo que puede decirse y de lo que puede ser representado por el lenguaje. Además, afirma radicalmente que “hemos de guardar silencio respecto a lo que no se puede expresar con el lenguaje”.

La frontera del lenguaje

En su segunda etapa, Wittgenstein introduce cambios. Su estudio filosófico del lenguaje vira hacia una perspectiva más pragmática. Se da cuenta de que el lenguaje científico y académico que se utiliza en Cambridge no es óptimo pues, directa o indirectamente, siempre deriva del lenguaje cotidiano. Por lo tanto, el lenguaje ordinario que utilizamos diariamente en nuestra conversación es el verdadero lenguaje original.

Pero adoptar el lenguaje cotidiano supone abandonar la correspondencia unitaria de proposición y hecho. Ahora hay más posibilidades, ya que el significado de las palabras y el sentido de las proposiciones estará en función del uso del lenguaje, su contexto y las características intrínsecas de cada comunidad que lo habla. A esta particularidad, la denomina “juego de lenguaje”. Con esta aportación, una proposición puede ser absurda si se utiliza fuera de su “juego de lenguaje” como, por ejemplo, “hace mal tiempo”.

Wittgenstein piensa que cuando se hace filosofía tradicional, se da un juego de “lenguaje enredado”, cuyas reglas no están determinadas, ya que es la propia filosofía que pretende establecer esas reglas (y así se alimenta un círculo vicioso).

Concluye que sólo el lenguaje es capaz de crear una imagen objetiva en la conciencia y lo único que puede analizarse es el significado de sus palabras (a eso lo denomina “giro lingüístico”). Sólo así se puede llegar a una filosofía objetiva. Wittgenstein vivió la Segunda Guerra mundial en Gran Bretaña y compaginó la docencia universitaria con otros trabajos no relacionados con esta actividad. Murió en Cambridge en 1951.

En síntesis, Wittgenstein intenta desarrollar las herramientas necesarias para conseguir una filosofía objetiva y científica, estableciendo límites a lo que puede decirse y a lo que no. Afirma rotundamente que: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Su influencia es enorme en la filosofía, especialmente en la anglosajona.

Wittgenstein y la AI

Wittgenstein consigue aproximar la filosofía a la ciencia y a la tecnología. Es atractivo reflexionar sobre la posibilidad de aplicar esa filosofía a la AI. Si Wittgenstein está en lo cierto, quizá es un emparejamiento casi perfecto para ambas disciplinas. Tecnologías como NLP (Natural Language Processing), DL (Deep Learning) o ML (Machine Learning), parecen idóneas para implementar esta funcionalidad. Además, los adelantos en gestión y orquestación de datos, para ser procesados con AI, avanzan rápidamente y contribuyen a una alimentación más consistente de los algoritmos. Incluso sería posible detectar proposiciones poco visibles y poder aflorarlas, ampliando las posibilidades del sistema.

Diagrama de bloques de un sistema AI basado en la filosofía de Wittgenstein

Un aspecto que preocupa de la AI es su explicabilidad (XAI), es decir, disponer de la trazabilidad de los pasos que se suceden en el algoritmo hasta proporcionar un resultado. Esto es importante para conseguir que un humano pueda interpretar el proceso, si fuera necesario, disminuyendo el efecto de “caja negra”. La explicabilidad es imprescindible para cumplir con determinados estándares normativos o para permitir que los afectados por una decisión de la máquina puedan impugnarla. Si se aplica la elegante y estricta filosofía analítica de Wittgenstein a la AI, se tenderá a favorecer esa explicabilidad.

En cualquier caso, una aplicación interesante de la AI basada en Wittgenstein es que proporcione una preevaluación de un resultado para saber si cumple con determinadas exigencias.Aunque, según Wittgenstein, la ética queda fuera de los límites del lenguaje, su filosofía es clarificadora y podría contribuir a implantar modelos de AI que intenten dar respuesta a la ética, mejorando la estructura y reduciendo la complejidad del sistema. No obstante, otorgar a una “máquina” ese privilegio entraña riesgos, pero una funcionalidad limitada facilitaría enormemente la posevaluación humana para un cauce potencial masivo de acciones determinadas. Obviamente, para aspectos sensibles, el Human-in-the-Loop es necesario.

Por último, hay que añadir que Wittgenstein nunca se despedía con un “See you tomorrow”; pensaba que eso era predecir el futuro y él no podía hacerlo.

Descargas